
I Niño que de mi siembra naces, con tus brotes, apabullando mi huerto de fino almendro, mis manos horticultoras tejen tus dotes como el mas dulce engendro. – Niño que del riego creces, y de la azada, que no se entere la lluvia de tus cimientos, pues su llanto entregaría desenfrenada al...



